viernes, julio 07, 2006

Paz después de guerra (a los que hoy son pobres)

En ese momento el mundo se sentó frente a la televisión escuchando las palabras de la paz. Las palabras que hacían renacer en todos la alegría de vivir y dejar vivir. Las palabras que llenaban los corazones de la certeza de la conciliación definitiva y total.
De repente, la voz airada de un loco gritó en los oídos de todos: ¡Guerra, muerte, odio! Y calló enseguida, fulminada por un disparo en la cabeza surgido de la cara sonriente de la humanidad, que pudo vivir en paz.

El cinismo es necesario para la vida, la preservación, de la mayoría. El fin justifica los medios... ¿A qué no renunciaríamos por tanto? ¿Cómo decir que no a la paz por unos picos? Lo interesante es saber escoger los picos y occidente tiene casi todos los números de la rifa del pico. Muerte a mi mundo. Seguramente, muerte para mi y para lo que soy. Una oportunidad para los que no la han tenido, yo ya he perdido las mías. Sólo un deseo: que alguien me explique cómo acabó.
La esperanza es en la humanidad que aún es humana, la esperanza es en los que aún viven libres, la esperanza es en los que son humanos y a los que corrompe solamente la miseria. La esperanza es en los que no han sido alcanzados. ¡Resurgid, revolución, vida o muerte! No queda nada más. Y después, no seáis como nosotros. ¡Muerte al mundo libre! ¡Muerte a lo que somos¡ Vosotros, es lo último que os pedimos, tened el valor para hacerlo, destruid lo que somos y que no quede ¡nada! Adelante, nadie os juzgará, somos el pico que sobra. Vuestra ira es vuestra razón y después olvidadla. Cread, no paréis, aprended, creced... Sois libres, no lo estropeéis.