Cuando la crítica al sistema es sistemática, cuando dices que te opones a casi todo, cuando te llenas la boca de las injusticias del mundo, en esa situación, es muy difícil vivir en el mundo.
Es muy difícil mantener la coherencia. Es imposible no vivir en este mundo, de momento, si no aceptas ser un paria errante. Por lo que parece imprescindible acatar ciertas normas mínimas para ser tenido en cuenta. La vida cotidiana de un incómodo está llena de callejones sin salida y de incoherencias.
Cuando critico los vergonzosos abusos de las compañías de telefonía móvil por su impunidad y su vileza y, segundos después, saco el móvil del bolsillo para responder a una llamada de mi novia pierdo toda la credibilidad, los papeles se me mojan y continúo perteneciendo al montón.
Cuando critico la conciencia adormecida de occidente, la desidia intelectual y la complacencia de los medio ricos y, instantes después, enciendo la televisión para ver un partido de fútbol y olvidarme de todo durante un par de horas, pierdo mi credibilidad, se me mojan los papeles y…
Cuando la fácil cantinela antiimperialista habitual de mi generación de burgueses cultos y ‘progresistas’ de pacotilla llena mis discursos y, esa misma tarde, compro dos entradas para consumir su entretenimiento comercial en una sala de cine de Time Warner, pierdo lo que ya sabéis…
Cuando, como convencionalmente debo, me doy cuenta del abuso medioambiental al que sometemos al mundo, de los desequilibrios que debemos dar por sentados para llenar un depósito de gasolina, de las actuaciones multinacionales que tácitamente aprobamos al viajar innecesariamente en coche y, al rato, me monto en mi Honda y cruzo la ciudad para aparcar a escasos 20 minutos de mi casa para cenar con mis amigos, con los que luego iré por ahí, también en coche, en la ciudad, parando en cada semáforo que mis pies evitarían, entonces pierdo mi credibilidad y mi discurso se mancha de gasolina.
Cuando hago todo esto, me retuerzo por dentro y soy normal por fuera.
Extrañamente, cuando me opongo a comprarme ropa porque la mía está perfectamente peses a tener 5 o 6 años, cuando he evitado comprar chismes innecesarios simplemente porque un anuncio de la tele me los ha hecho apetecibles, cuando he guardado en mi bolsa un montón de papeles arrugados para reciclarlos, cuando he descuidado mi imagen para obligar a los que me ven a ir más adentro, cuando he leído u oído y he aprendido a entender los límites de mi libertad en vez de jugar a un videojuego, cuando yendo por la mañana a trabajar he sonreído en el metro al ver la infelicidad tolerada de todos los demás, cuando he espetado en la cara de un tipo estándar y trabajador que el trabajo no es algo bueno, cuando no he gastado dinero no por ahorrarlo sino porque no he necesitado nada, cuando no he hecho caso al banco y no he ganado intereses por mi dinero en inversiones vete a saber dónde, cuando he llenado mis sueños de utopías primitivistas… he sido raro por fuera pero ¡cuán lleno me he sentido por dentro!
lunes, agosto 06, 2007
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